lunes, 7 de julio de 2008

Pollito con pantalla

Hacía mucho que no posteaba, y que no contesto mucho por msn ni mensajes de texto. Sépanlo: cunado tengo 3 minutos libres, duermo. Tengo un rato libre y me dan ganas de tirarme en mi cama o donde sea y dormir. Y siempre en la mitad de la siesta a alguno de Uds, graciosos, se les ocurre mandar mensajes (y algunos bastante carentes de coherencia). Disculpenme, pero no los voy a contestar. Bueno, creo que eso es muy mala onda, no? es que estuve armando nuevo personaje: el "Pollito con Pantalla". Un pollito mala onda y cabrón. Creo que me contagié un poco.
Volviendo a la realidad, a veces corriendo con una entrega, el bolso, la carpetota, las llaves que no encuentro, o estudiando en el colectivo... no me da para contestar mensajes. Además, si los recibo tarde, ya no los contesto. Pero ya termino, ya termino y saldremos por ahi como siempre, como antes.

Así que a todos ustedes que se ofendieron: Perdón che! Era más rápido escribirlo por acá.

Acá les presento a Otto, el Pollito con Pantalla. Se llama así en honor al muchacho personaje que me grabó la voz para el pollito: un compañero muy mala onda. O sea, de él salió el personaje. Otto es tan pero tan mala onda que termina pareciendo simpático y gracioso. La redacción tengo que arreglarla, y toques finales del pollito, pero ya ya... pronto van a verlo moverse y hablar.



martes, 10 de junio de 2008

El domador de dragones II

Como diría mi abuela, estoy CHOCHA. Mi texto lo pusieron en este link :)

viernes, 23 de mayo de 2008

1800


Una ilustración de una "ciudad" del 1800 para una web que no salió. Está todo desordenado, pero ya me sentaré a componer como corresponde. Este blog tenía solo texto últimamente, así que intetnaré empezar a escanear y subir cosillas.

lunes, 19 de mayo de 2008

hoy

Ya es casi de noche y me paro junto a la ventana. Veo los techos del barrio a lo lejos desde el edificio, que es de los más altos de por acá. Veo la primer explosión. Un hongo naranga y negro que comienza una sinfonía apenas perceptible a tanta distancia. El horizonte se va achicando con la marca de los gigantes naranjas, que crecen en un instante y se quedan suspendidos, agrandándose y disipándose cada vez más lento. Las luces que ya se habían empezado a encender se apagan en un instante, manchones negros augurian el paso imparable de estos monstruos.

A pesar de esto, no estoy nerviosa. Lo asimilé demasiado rápido quizás.

Hoy se acaba el mundo.

No hay Quijote que pueda contra estos molinos. La luz ozcura se acerca como el más grande de los ejércitos. Y yo me quedo en la ventana. No tengo nada que pensar, sólo miro y espero. Correr? gritar? en vano. A pesar del apocalipsis no se oye casi nada, simplemente unos estruendos ahogados cada vez más estrepitosos. Se corta mi luz. Ahora solo hay oscuridad interrumpida por columas naranjas coronadas con medias naranjas manchadas del negro más opaco. Ahi se acercan, no llego a reaccionar, es tan trágico, bello, espeluznante. Me da frío desde adentro, pero no impide que las luces estén cada vez más cerca. Ahora veo como todo sube, sube furioso, se expande, se acerca, explota todo, cerca muy muy cerca. Y es la hora del final, después de esto, la nada. Y yo inmòvil observando desde la ventana. El ruido es tan fuerte que ya enmudece, y siento sólo un aturdimiento, como estar bajo el agua. Ahí llega, ya todo es luz, me hierve el cuerpo con una terrible ráfaga caliente de la explosión ùltima. Nunca pensé, no imaginaba que esto llegaría, nadie me avisó, y no miro a nadie, no puedo, y nadie grita, no se si hay alguien, otra luz, fuego. Y ya ya ya... no duele tanto, en un inst

viernes, 16 de mayo de 2008

despedidas

Cuánto dura una despedida? Cuánto debería? A veces parece un adiós interminable, desgastante; y duele. Es como el letargo de un sueño placentero y saber que ese lunes te vas a dar el lujo de llegar tarde solo por abrazar la almohada un poco más, aunque sepas que después te vas a comer un garrón (hablando claro).

Una despedida siempre termina siendo real, se manifiesta como tal; algo llega a su fin. Pero y esas ganas incontenibles de seguir? a dónde van a parar? se las llevan los patos de la laguna, cuando ésta se congela. O se van con los sueños que uno no recuerda. A algún lugar tienen que ir, son demasiado grandes como para guardarlas en un cajoncito de recuerdos.

Era demasiado bueno, y aunque uno sabe que ya va a pasar, que te vas a levantar y seguir caminando, los primeros kilómetros vas a tener la vista en lo que dejaste atrás; si lo vale.

Este blog a veces llora también, pero se repone. Por ahora camina mirando hacia atrás, pero camina. Era demasiado bueno, demasiado grande, tanto que a la distancia sigue siéndolo, no se achica (quizás nunca estudió perspectiva el muy burro).

No es que todo esto te interese, pero como es mi blog, yo escribo lo que se me canta la gana.

sábado, 10 de mayo de 2008

El domador de dragones

Caía la tarde y la luna brillaba cada vez más. El domador de dragones estaba con una bestia blanca e imponente. Desde el mediodía estuvo con aquel ejemplar, horas observando sus movimientos, sus reacciones. Lentamente se fue acercando, cauteloso, pues cualquier mínimo movimiento brusco del dragón sería trágico.

El domador se acercó calmo, pues no hay otra forma de acercarse a los dragones; huelen el miedo y reaccionan a los movimientos bruscos. Ya podía el caballero nombrado por las ninfas oler el tan particular aroma que emanaba de las escamas blancas como nieve, pero calientes, muy calientes. Ya su mano estaba a poca distancia de su cuello, y el dragón miraba fijo al domador. Los ojos de uno no se despegaban de los del otro. El mundo alrededor enmudecía, como si todas las cazadoras y hadas y ninfas llenaran de magia ese mundo para enmudecerlo. El domador, sin correr la vista de los ojos del dragón, comenzó a pronunciar palabras en el idioma del viento, el único que los dragones conocen. Un susurro tranquilizante que llegaba a los oìdos del dragón al tiempo que una pequeña mano se apoyaba en la base de su cuello. El dragón no hizo nada. La mano comenzó a recorrer el cuello hacia arriba, y el dragón finalmente presentó su hocico al domador.

El ritual habìa comenzado, el dragón le brindaba su respeto al domador, quien apoyaba una mano en el hocico y la otra en el cuello, debajo de la gran mandíbula blanca. Parecía no pasar el tiempo, estaban ahí los dos, casi inmóviles, en un acto que no permitía el más mínimo error. Semejante dragón con reflejos que reaccionan a la más mínima fluctuación del viento es fatal para casi cualquier otra criatura. El domador corría lentamente su mano, y sobre la frente del dragón aparecía un símbolo a la vez que en la espalda del domador. El dragón estaba recibiendo su nombre y brindando su fidelidad a ese hombre. Y los dragones, se sabe, son seres de palabra y la defienden hasta la muerte.

El domador ya tenía varios símbolos sobre el torso, pero este era especial. Se iba descubriendo sobre su espalda, desde la nuca, bajando por la espina dorsal, recorriendo hasta los hombros. Ambos sabían que algo estaba por suceder, que ese ritual era diferente.

La noche ya estaba asentanda, y se tenían que separar. El domador debería volver a su otro mundo, por pequeñeces.

Ahora estaba sentado en un stand, rodeado de las criaturas que tan bien conoce. Firmando sus obras, sus libros, su arte.

Yo ya conocía el Cuaderno de Viajes de Ciruelo, pero lo había regalado a alguien para que recuerde algunas cosas en sus propios viajes. Tomé entonces feliz un nuevo cuaderno, y no pude más que llenarme de pudor extraño al ver al Señor de los Dragones, de la magia, fantasía. Estaba ahí! Me pareció evidente en ese momento que aquel Señor conoce en persona a los dragones, hadas, cazadoras, libélulas... Sabe cómo huele una cueva y cómo son las escamas de dragones al tacto. Conoce también el pelo de una ninfa y como se siente grabar la tierra con una garra de dragón. Le pedí que me firme el cuaderno, a lo que agregó un dibujo. No para coleccionarlo, sino para recordarme que era real: estuve frente al Domador de Dragones. Mi cara estaba completamente roja y ardida, no sé por qué. Quizás sentí la reminiscencia del calor de los dragones, quizás algunas escamas como brasas andaban por ahí. Quizás sentí cómo miraba a todos a los ojos, sereno… No sé cómo describirlo, sentí respeto y admiración.

Lo que me quedó más vívido en la memoria, además de unas imágenes increíbles en tinta negra acompañados de anotaciones mágicas, es uno que dice “Todo existe”. Me fascinò. La imagen tan poderosa como esas palabras. Creo que fue cuando lo ví, hace unos años ya, que decidí que es verdad, que TODO EXISTE; mis fantasías también, por mucho que intenten hacerme creer lo contrario.

viernes, 2 de mayo de 2008

Retratos. Emilio Torti.

Acá hay una foto que le saqué a Emilio mientras pintaba el mural >> FOTO

Es una de varias... Pero tengo que lograr ir al labo y revelar. Las del Sr. Opinólogo quedan pendientes para la próxima.

Todos los ilustradores/plásticos/músicos que no les moleste que les apunten con un lente, por favor avísenme! jaja. Creo que ya les pregunté a todos los que conozco.

martes, 29 de abril de 2008

La luna está hecha de agua

Así decía una fotocopia tapando la tapa de un libro verde con relleno ocre. Me llamaba, sí, a vos mujer! llevame que me aburro.
No pude más que llevarlo, y camino a la caja, encontré un par de vinilos; y como no soy de discriminar, los dejé subir también. El domingo hicimos fiestita en mi casa; el libro, los vinilos y yo.

Parece literatura gauchesca; pero un tanto fantasiosa, un tanto cruel, con perfume de una mujer, una anciana maga y chicharras. Veremos como sigue, pues no recorrí la mayoría de sus hojas aún.

"La luna está hecha de agua". Compré el libro sin creerle ni su nombre. Tan solo agua? agua insulsa sin misterios ni oscuridad? Ya les contaré.

viernes, 25 de abril de 2008

Dígame Sr. Nacho

Lo conocí enderezando árboles torcidos en una calle chueca y tímida, escondida detrás de una gran avenida; Corrientes quizás. Creo que yo era quien quijotescamente peleaba contra la desviación de sus troncos. Esto fue hace años, en la casa de alguna fotógrafa... De esto me acuerdo vagamente, salvo por algunos detalles. Fue hace dos años ya? tres? hasta cinco años atrás puede haber sido. Imoprta? no necesariamente

Amigo de la vida, siempre alegre, suele creerse tantísimo menos de lo que es; como suele pasar con grandes hombres de la historia (todas las historias). No creo que pare de asombrarse, se le nota en una sonrisa infantil. Pero no por inmadura, por gentil, por transparente. Infantil en asombrarse y conmoverse, en el espíritu lúdico siempre ajeno pero atento, con una independencia casi caprichosa. Pero de nuevo, capricho bueno, infantil. Poruqe ahí ve a su musa y babea. Habla de las pequeñas cosas que no son melosas, pero ama de ella. Y una escucha y quisiera ser ella, solo para que alguien hable así de nosotras. Dichosa ella, dichoso él.

Un fernet y una cerveza. Palermo, demasiada gente, demasiada moda. Ahí los dos, cada tanto recuperando el sentido, algún sentido en una conversación que veriaba entre robos de bancos, máquinas de pan y libertades compartidas. El primer día enderezamos árboles, el otro día tejíamos la noche, la próxima? tengo en la mente una vaga promesa.

sábado, 19 de abril de 2008

Ricardo

Ayer me quedé corta, cuando mencioné un taxista. Era un caballero amante de la luna. Un poeta que en su vaivén de rondas obligadas conoce el mundo y todo lo observa. El Sr. Ricardo es alegría hecha persona, es... un mago. Tenía en el bolsillos las palabas que no sabía necesitaba esa noche. Dos palabras y reubicó lo que había descuajeringado en mí. Un par de palabras más y no podía menos que sonreír. Ricardo, no puedo menos que agradecerle.

Fue una presencia que comienzo a dudar haya sido real. Me desperté hoy con la duda en el bolsillo, pero lo palpé y encontré un papelito y en él una dirección de mail, de un tal Ricardo. Un nuevo amigo entre letras. Otro Caballero andante de palabras lunares.

Gente asombrosa, charlas fantásticas, paisajes surrealistas... Debe ser una fase lunar extraña, espero que no termine.

viernes, 18 de abril de 2008

buenos aires

El humo se dispersa y una luz amarilla chorrea como miel de una luna que se asoma sobre la ciudad nocturna. Un fernet y un brindis a las trivialidades que uno ama de la vida, un viaje en taxi y una oda al cuarto creciente, uno mejor al menguante. Un taxista Ricardo y el ángel, historia y magia. Imposible reproducir diálogos, sólo puedo decir que AMO BUENOS AIRES. Ninguna ciudad del mundo puede albergar tanta magia y seres fantásticos.

viernes, 11 de abril de 2008

Anita, la leyenda


Ese fue el subject de un mail de mi papá, con esta foto.... Sí, esa pelota con rulos soy yo, jugando al Prince of Persia, a los nn años... jaja

Me dicen que soy una adicta a la compu, pero es el agujero negro, y ya se ve que empezó hace rato.

sábado, 5 de abril de 2008

crónicas de una peatona

Sin pensar en mucho más que la percusión de mis zapatillas contra el piso, me encontré frente a un hombre. Bah, tenía más cara de chico, unos "veintilargos". Rubiecito, flaquito, despreocupado como yo. Se me acercó y me preguntó dónde quedaba algún bar, del que no tenía yo idea. Dos palabras que se me borronean en el recuerdo, y me invita a acompañarlo con unos tragos en español de extranjero. Me sonreí y seguí caminando. Unos pasos más adelante me arrepentí. O algo así. Quería al menos agradecerle, o algo! Era inofensivo, un turista aburrido. Y porqué no? simplemente otro peatón. Y pensé en la extraña coincidencia que le diera mi última moneda al quiosquero y me aventurara a caminar. Ya había decidido hablarle de nuevo, aunque sin saber qué decirle. Pero de nuevo, y como siempre, te das vuelta y ya no está.

Decidí seguir caminando. Tenía esa sensación de haber dejado pasar una oportunidad, un algo que podría ser bueno, aunque sea sólo un buen rato, un amigo, una buena anécdota... qué se yo. En eso estaba, pensando en todo y nada, cuando me encontré parada en frente a una vidriera de librería. Eso no es extraño en mí, ya sabrán. Pero no estaba mirando todos los libros, tan sólo una tapa naranja, un solo título. Me quedé estúpida mirando ese libro, con ganas de entrar, olerlo y llevarlo. Pero me quedé ahí idiota frente a la vidriera quién sabe cuánto tiempo. Y seguí. La sensación de dejar pasar cosas que quería aumentaba. Tendría que haber aceptado, tendría que haber entrado... Y ahora tenía ganas de llegar a mi casa y nada más, y seguí con una inmensidad bailando en mi cabeza. Y unos pasos se acercaban junto al perfume de un amor desvanecido. Respiré melancolía. Seguí caminando y la gente se hacía más densa. Otro olor, otro hombre de mi vida. Un par de cuadras, y varias historias. Y un olor a frutilla artificial, a álbum de figuritas, a infancia. Tantos recuerdos en olores en recuerdos en pasos cuadras, más olores. Un perro viene corriendo de frente, para para mirarme y me sigue con la mirada. Y me mira a los ojos, a la cara, porque yo lo miro. Como el otro día en que el gato de la panadería no dejaba de acariciarse con mi pierna. Será alguna etapa lunar...

Ya casi llegaba, un terrible viaje de unas veinte cuadras, quizás un poco más. Ya me regocijaba en la calidez de mi casa, cuando dos mocosos, sí, dos criaturas de dios -o de recoleta-, me cierran el paso. Me dijeron alguna boludez, y desvanecieron la magia de la noche. Me cortaron el último aletazo del verano y sus noches fantásticas. Cortamambos. Mocosos sin respetos ni nada. Me oigo sonar como vieja chancluda, pero ya que entré en eso: los agarraría de las orejas!

En fin, para no irme con el trago amargo, fui a buscar los olvidos en tapa dura, y me metí en magias ajenas de Saracino y unos cuantos más un rato. Y el rato se hizo tarde, y tarde escribo los recuerdos borrosos de un día peatonal, en calles que se cuzan todo el tiempo. Serán tonteras o miro demamsiado todo, pero los detalles... Detalles que hacen que las personas se puedan leer, que las noches muestren sus secretos y que algunos días revelen sus misteriosas formas bizarras.

viernes, 28 de marzo de 2008

lobo

Huí de un 39 rabioso y caminé por una calle del centro a eso de las 7. Creo que todos saben cómo es. Esa calle en particular, habitada por negocios textiles, es un muestrario de madejas de retazos de tela, rollos de cartón, bolsas negras, muebles decretados inservibles, y cada tanto, un maniquí mutilado. Siempre hay personas hurgando tesoros escondidos y todo forma una escena futurista y pesimista. Pero siempre hay tesoros. Y ahí lo ví. Impasible, quieto y erguido sobre su prominente pecho. Era un animal increíble, digno de admiración. Su pelo negro y marrón, áspero y abundante; su cintura estrecha y hocico cuadrado y duro. Era parte del paisaje urbano y su atmósfera, pero a la vez resaltaba de una manera perturbadora. Era un lobo, un lobo de ciudad. Un hijo del cemento y la vida de la calle. Un Señor en su tierra, que no miraba nada en particular. Simplemente estaba ahí, para que se le brinde respeto y se lo admire.

Increíble todo lo que me hizo imaginar en tan poco tiempo. Lo hubiese seguido para que me muestre sus secretos, que me enseñe todo lo que vieron sus ojos y me guíe por esas llanuras de concreto que endurecieron sus patas. Creo que no llegué ni llego a imaginarme un día de ese lobo, pero dos pasos a mis espaldas, y ya estaba decidida a voltearme y acercarme, a sentarme a su lado y esperar. Quizás sea tonto, quizás no sea más que un perro de la calle, pero no! estaba tan altanero y sin embargo no tenía intenciones de alarde, esa seguridad! me van a decir loca por creer tantas cosas de un animal, pero ni siquiera tuvo él que mirarme para saberlo, lo sentí. Cuatro pasos y ya era demasiado lejos. Como todo lobo, tiene sus caminos, su independencia, su libertad y su soledad. Ya no estaba. Un lobo hijo de la calle, nieto de la naturaleza, salvaje hasta la última célula. Lobo oscuro sin amigos ni enemigos, simplemente él con su supervivencia feroz y su porte único.


Ahora que lo pienso, el lobo es seguro uno más de la secta nocturna, bautizado por la luna. De ahí mi empatía, mi admiración. Envidiable seguridad y coraje, que lo dejan a su libertad extrema y soledad deliberada. Mis más sinceros respetos, lobo negro de la noche, de la calle ciudad y luna.

miércoles, 19 de marzo de 2008

ocho 8

En el blog de La Farolera, se me invitó a listar 8 cosas que quiero hacer antes de morir. Acá van:

1. Crear ilusiones. Aunque sea en una sola mente pequeña que necesite un mundito propio repleto de fantasías, tal y como lo hicieron para mí tantas hojas devoradas y canciones apropiadas.

2. Seguir felizmente intentando comprobar que no existe un único y gran amor para cada persona.

3. Dormir bien (largo, tendido y sin pesadillas).

4. No dejar de estar tranquila y orgullosa por los caminos zigzagueantes que elijo tomar (y muchas veces humanamente equivocados).

5. No perder la avidez de conocer y la capacidad de asombrarme hasta con los pedacitos de estrellas pegados en los suelos de las estaciones de servicio (y que dejen de mirarme raro por ello).

6. Encontrar mi piedra de la noche.

7. Conocer seres asombrosos. Más bien, seguir conociéndolos.

8. Hacer reír y sonreir todo lo que pueda.

Sí, completamente ambiocioso.

Ah, si copio esa mala costumbre de las personas de morir, no se lo voy a decir a nadie ;)