lunes, 30 de agosto de 2010

sàbado libertario

Los días se pasan ajenos edurante la semana. Tengo dos alas que un acuerdo tácito cubre de oro sólo para que esta cabecita no levante vuelo y despegue para vagar por ahí durante los días de semana. Sin embargo, llega el fin de semana y el oro se disuelve como arena seca, se desprende y salgo a revolotear por ahí.

El sábado me esperaba Martini en la puerta. Es una chica indonesia que conocí en el patio de juegos: la nanny de otras nenas. Mi primer amiga de acá.

Salimos de la burbuja de cristal y nos tomamos un mini-bus hasta Block M (la temrinal). Este transporte es como un colectivo que emtieron en un lavarropas y se encogió, al punto que mi trasero quedó suspendidamente trabado en el aire cuando me quise sentar, ya que el largo de mis piernas era demasiado largo para la ínfima distancia que había entre mi asiento y el respaldo del de adelante. Finalmente, entre miradas incesantes sin el menor rastro de pudor y el señor que tocaba la guitarra, me senté de costado usando dos lugares hasta llegar a la terminal: Block M. Calor, gente, demasiadas miradas, puestitos informales de ropa, accesorios y cualquier cosa. Saqué pasaje y me amontono con otra gente en la parada del colectivo. Èsta está elevada, como la tarima del tren o del subte, sólo que esta es cerrada como un container de hierro y vidrios. Llega el colectivo y para exactamente en el lugar necesario para uqe coincida la puerta del colectivo con la puerta de la parada coronada con dos carteles dividiendo la fila de hombres de la de mujeres; aunque no parecían muy respetuosos de ellos. En fin, sin no pocas miradas entro al colectivo. La gente no deja de mirar sin reparo, e incluso le preguntan cosas sobre mí a Martini, mi amiga. Es muuuuy muy incómodo.

Una vez que nos bajamos, tuvimos que cruzar una avenida que me hizo pensar que había llegado la hora de morir. La gente acá cruza por cualquier lado, incluso las avenidas, usando una mannito extendida como único escudo ocntra los autos (aunque parece funcionar ya que, incluso en calles transitadas, los autos y motos frenan o te esquivan). Finalmente llegué al otro lado de la enorme corriente de autos desprolijos y un gran arco nos daba la bienvenida al barrio chino de jakarta.

Las telas coloridas y especiadas de la India y otros lugares se combinaban con los puestitos de fruta y comimdas elaboradas, sazonados con palabras gritadas por algunos parlantes que, sin saber el idioma, se sabían invitaciones al gastadero de plata para la manada de peatones-hormiga que se escurría desorganizada por entre los puestos callejeros, autos y motos. Quise comprar algunas frutas extrañas (para mí), pero a falta de un lugar tranquilo donde sentarme a comerlas y el largo día que tenía por delante, decidí dejar esos sabores para otra ocasión.

Ya habiendo recorrido el barrio chino (que no son más que unas cuadras en realidad), decidí buscar una oficina postal para ver si podía mandar unas cartas que llevo conmigo hace rato y no logro despachar. La cuestión es que terminé en la oficina central, pero ya estaba cerrada. Martini le preguntó al guardia y éste empezó a preguntar y hablar en indonesio. Yo no entendía nada, y en un instnate estaba siguiendo al guardia por la parte trasera, donde las motos y las vans cargan y descargan cartas. entré al edificio que tenía algunos gatos muy flacos y con la cola como cortada (como todos los gatos acá, pero hablaré más sobre eso cuando sepa si se las cortan o son así). Por unos pasillo muy tétricos, vacíos y algo venido abajo llegamos al depósito de las cartas, donde millones de pensamientos ocmpartidos, palabras de felicitaciones, citaciones, folletos y ofertas esperan ansiosas. Parecen murmurar entre ellas sus contenidos, queriendo alardear quién hará el recorrido más largo o a quién la depara un destino exótico o tiene un contenido especial. Un enorme depósito de palabras que por estar en tinta esperan no ser llevadas por el viento, o por algún desorden del correo.

Seguimos caminando por pasillos, subimos por un ascensor de carga y la gente siempre mirando, mirando la bule (extranjera) que anda por los pasillos con sus cartitas prolijas en la mano, queriéndolas llevar a Argentina "oooohh Maradona!" seh, maradona. Yo no quería tanto lío. Cada persona que cruzamos agarra mis cartas, las examina y dice cosas que no entiendo al guardia que nos escolta. Finalmente, llegamos a la oficina de atención, sólo que del lado de atrás del mostrador, donde tan solo dos personas quedan. Despuès de mucho mirar mis cartas y discutir, me dicen que no tienen más estampillas y que enicma, si la mando por correo normal, van a tardar 3 semanas, si es que no se pierden en el camino, cosa que no me pueden asegurar.

En definitiva, no pude mandar mis cartas, pero tuve una visita de lo más interesante a la oficina de correo central de Jakarta.

De ahí fuimos a buscar al hijo de martini al trabajo de su marido, que trabaja en la seguridad de un edificio de oficinas. En el camino la gente grita las pocas cosas en inglés que sabe. Me miran, siempre. Soy muy pálida, y por màs que ande con pollera hasta el piso, se nota mi blancura.

Algo que no me gustó, los conocidos de ella me trataban raro, y su hijo no me hablaba. Despuès me dijo ella que creyeron que era su jefa. Sí, sólo por carapàlida. En fin, fuimos con el hijo de Martini a comer, frenamos en un puestito en la calle. Es igual a todas las parrillitas ruteras argentinas. Un par de mesas con bancos, una especie de "barra" alrededor para quienes la prefieren, y la cocina a la vista. Me pedí lontong (rroz hecho como en "masa" con la parte de afuera verde, que no tiene mas gusto que el arroz blanco común), sate ayam with kacang sauce (brochette de pedacitos de pollo grillados con salsa de maní) y para acompañar y mojar en la salsita, krupuk (que son unos cuadraditos inflados con gusto a... galleta de arroz o algo así). estaba buenísimo! Claro que despuès quería quedarme en el lugar y morir. Pero muy rico. Me cobraron de más y mientras comía no dejé de escuchar "bule bule bule" por todos lados, y Martini se reía de oras cosas que decían. Me dijo que eran cosas como "esa chica trajo una bule" "hay una bule en el fondo" etc. Claro qeu me cobraron precio de extranjera, aunque me habrá salido, junto con dos te frios que me tomè, unos 2.5 USD. Una genialidad! Y comí hasta no poder más, llegué muerta de hambre al lugar.

Después de ahí, fuimos al Monas (Monumento Nacional), que es EL espacio verde de Jakarta. Fuimos en bajaj, que es la motito que està en la foto. Llegamos y había varios vendedores de ocmida, jueguetitos luminosos y demàs. Pero de pronto salieron todos disparados al ver unos señores de verde con gorritas que entraban caminando... En esa área se supone están prohibidos los vendedores. Volviendo a la descripciòn del parque, en el medio tiene un monumento que es como una obelisco delgado y alto, pero en la parte superior tiene una llama de fuego que dicen está hecha de oro. Se dice tambièn que si la tocás, lo que sea que pidas se te va a cumplir. En horarios normales se puede subir y mirar todo desde arriba del monumento, que está rodeado por mucha agua, pero yo fui de noche ya, como a las 7 de la tarde. El ligar es lindísimo, varias fuentes, mucho verde, flores, unas casitas para pájaros de madera lindísimas... paz y una luna que sin estar llena, estaba gingante y amarilla. Nos sentamos en el pastito esperando el show de aguas danzantes que no llegó. Pero la pasamos de lo más bien en el calor enfriado por la noche, el vientito nocturno y el casi no ruido.



Estando sentada mirando vi algo de lo más curioso. Acá hasta a los gatos raquíticos les enseñan acerca de la tolerancia, o son muy vagos. Estaba uno de ellos, flaco muy flaco èl, caminando muy despacito y por al lado le pasa una lauchita. Casi que frenó a saludar al don gato y decirle buenas noches. El gato la vio, y ni pelota, siguió buscando algo que comer. Tambièn vi murciélagos, pero no chiquitos como los de buenos aires, sino grandes y van màs despacio, haciendo alarde de sus vampirezcas alas. Hacen riudo y te pasan cerca. Tambièn una Señora rata casi que me vino a saludar, pero se fue muy tímida. Por suerte.

Un día largo, clauroso y lleno de novedades para estos sentidos que no quieren dormirde en ese lugar tan nuevo y diferente. salvo el olfato quizás en ciertas áreas (es terrible como el calor magnifica los olores!).

Este fue mi sábado, contado sin omisiones importantes y agrandando detalles. Sobre mi domingo... eso merece una entrada aparte

4 comentarios:

Anónimo dijo...

contas tan bien tan bien !, que estoy alla con vos ...

sofia dijo...

hola anita! sigo tus anecdotas muy feliz, me tansportan y te envidio sanamente jjjaaa. besos y abrazos fuertes para la bule!

bensonita dijo...

la envidia es verde porque es el pasto del vecino! jaja

gracias por acompañarme! ya me empezaba a sentir solita

Anónimo dijo...

muchos leemos, pensamos y envidiamos, y si no ponemos nada es porque no tenemos nada mejor que agregar a lo que pensamos : que hdp !... ella hizo lo que yo querría estar haciendo ....
pero estate segura que leemos, y como leemos ! ...
Sos un pez en el agua ... y lo transmitis.